La escalada del conflicto en Oriente Medio ha puesto en jaque una de las arterias vitales del suministro energético global. Los ataques con drones lanzados por Irán han paralizado operaciones críticas en infraestructuras clave, mientras el fantasma de nuevos bombardeos mantiene en vilo a los mercados. El estrecho de Ormuz, por donde fluye casi un quinto del petróleo mundial, se ha convertido en una zona de alto riesgo, con navieras y gobiernos evaluando rutas alternativas ante la posibilidad de un cierre prolongado. Las consecuencias ya se sienten en los precios: el barril de crudo superó los 100 dólares por primera vez en meses, encareciendo desde los vuelos comerciales hasta la producción industrial y el transporte de mercancías.
Entre los blancos más estratégicos se encuentra la terminal de gas natural licuado de Ras Laffan, en Qatar. Operada por QatarEnergy, esta instalación —que aporta el 20% del suministro global de GNL— fue clausurada tras un ataque con drones, desatando una ola de incertidumbre en los mercados. Los analistas advierten que cualquier interrupción prolongada podría agravar la crisis energética en Europa, donde varios países aún dependen del gas qatarí para compensar la reducción de suministros rusos.
En Arabia Saudita, la refinería y puerto de Ras Tanura, el complejo más grande de Saudi Aramco, suspendió operaciones por precaución. Este gigante, capaz de procesar hasta 550,000 barriles diarios y recibir superpetroleros, es un eslabón crítico en la cadena de distribución. Su cierre temporal no solo afecta a la producción local, sino que también tensiona las rutas marítimas, ya que muchos buques evitan transitar por el golfo Pérsico. Para mitigar el riesgo, el oleoducto Este-Oeste —que conecta los campos petroleros de Aqaiq con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo— ha aumentado su flujo, pero su capacidad limitada no logra compensar la pérdida de Ormuz.
Los Emiratos Árabes Unidos tampoco han escapado a los ataques. La terminal petrolera de Fujairah, un centro neurálgico para el almacenamiento y distribución de crudo, fue blanco de drones iraníes. Expertos señalan que el objetivo no fue casual: Fujairah es una de las pocas alternativas para el petróleo atrapado en el golfo, y su paralización obliga a los exportadores a buscar rutas más largas y costosas, como el cabo de Buena Esperanza. La isla de Kharg, en Irán, también figura entre los puntos vulnerables, aunque su impacto en el mercado es menor debido a las sanciones que ya limitan sus exportaciones.
En Israel, el yacimiento de gas natural Leviatán, operado por Chevron, fue cerrado por orden del Ministerio de Energía ante el riesgo de ataques. Ubicado a 130 kilómetros de la costa de Haifa, este campo es la mayor reserva de gas del Mediterráneo oriental y un proveedor clave para Egipto. Durante el conflicto de 12 días entre Israel e Irán en junio pasado, su paralización obligó a El Cairo a racionar el suministro a industrias esenciales, como la producción de fertilizantes, generando escasez en el norte de África.
Irak, por su parte, ha suspendido la producción en dos de sus yacimientos más importantes: Rumaila y West Qurna, que juntos generaban 1.5 millones de barriles diarios. Aunque Bagdad ha intentado mantenerse al margen del conflicto, la proximidad de estas instalaciones a zonas de tensión las convierte en blancos potenciales. La medida ha reducido temporalmente la oferta global, sumándose a los recortes voluntarios de la OPEP+ y agravando la volatilidad en los precios.
Los efectos de esta crisis trascienden las fronteras de Oriente Medio. En Asia, países como India y China —principales importadores de crudo saudí e iraní— han comenzado a buscar proveedores alternativos, mientras que en Europa, los gobiernos revisan sus reservas estratégicas. La industria naviera, por su parte, ha elevado las primas de seguro para los buques que transitan por la región, encareciendo aún más el transporte. Aunque por ahora no se vislumbra un colapso total del suministro, cada día de interrupción profundiza la incertidumbre en una economía global que aún no se recupera del todo de las secuelas de la pandemia y la guerra en Ucrania.
