El pavimento se abrió como si fuera de papel en una transitada calle de la alcaldía Iztapalapa, tragándose un camión de carga que circulaba por el lugar. El socavón, que alcanzó proporciones alarmantes —aproximadamente tres metros de diámetro—, se formó alrededor de la una de la tarde, dejando al vehículo con las llantas traseras sumergidas en el agujero y a los conductores atónitos ante lo que acababa de ocurrir.
Los primeros en reaccionar fueron los vecinos, que se acercaron con cautela para evaluar los daños. Mientras las autoridades intentaban maniobrar para rescatar el camión, el suelo seguía cediendo: trozos de concreto se desprendían sin aviso, revelando la fragilidad de la zona. El riesgo de un colapso mayor era evidente, por lo que las cuadrillas de la alcaldía no tardaron en llegar para contener la emergencia.
El origen del hundimiento, según las primeras inspecciones, estaría en una tubería de asbesto dañada bajo el asfalto. Este material, aunque resistente, es conocido por su deterioro con el paso del tiempo, especialmente en redes de agua y drenaje antiguas. Las autoridades confirmaron que los trabajos de reparación comenzarían de inmediato, aunque advirtieron que podrían extenderse durante horas, incluso hasta la noche, dependiendo de la complejidad del daño.
Mientras tanto, el tráfico en la zona se vio severamente afectado. Las calles aledañas permanecen cerradas al paso de vehículos, desviando el flujo hacia rutas alternas que ya registraban congestionamientos desde las primeras horas de la tarde. Los automovilistas, impacientes por el retraso, han tenido que armarse de paciencia, mientras los peatones observan con preocupación cómo el asfalto, que parecía firme, se convierte en una trampa inesperada.
Este incidente no es aislado en la alcaldía. Iztapalapa, una de las demarcaciones más pobladas de la Ciudad de México, ha enfrentado en los últimos años un aumento en los reportes de socavones, muchos de ellos vinculados a fugas en la red hidráulica o al desgaste de infraestructuras envejecidas. Expertos señalan que el problema se agrava con las lluvias intensas, que debilitan aún más el subsuelo, y con la sobreexplotación del acuífero, que provoca hundimientos diferenciales en distintas zonas de la capital.
Aunque en esta ocasión no se reportaron lesionados, el susto para los conductores del camión y los residentes fue mayúsculo. Las autoridades locales han insistido en la necesidad de revisar con urgencia las redes de drenaje y agua potable en la zona, antes de que un incidente similar —o peor— vuelva a ocurrir. Mientras tanto, los vecinos siguen en alerta, preguntándose cuál será el próximo tramo de calle que cederá bajo sus pies.

